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Relatos de Jorge Vedovelli.
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Acotados-¿A dónde vas con tanta prisa? -preguntó el lobo a la princesita.
-¡Vaya! ¿Qué tal Ernesto? -la princesita detuvo su carrera y miró radiante al lobo- Te juro que no te había visto. Creía que esa era mi guagua.
El lobo rió entre dientes.
-¿Cuánto hace que no nos vemos? ¿Un año? ¿Dos?
-Que va, no hace tanto -la princesita abrió el segundo botón de su blusa y se ruborizó-. Creo que la última vez fue en la boda de Alejandro, por navidades.
-¡Es verdad! ¡Qué memoria tengo! -la miró directamente a los ojos- ¿Y tu novio?
-¿Juan? No... Lo dejamos hace unos meses.
-No sabes cuánto lo siento. No tenía ni idea -mintió el lobo haciendo un hueco junto a él en el banco de la parada, a la vez que me obligaba a retirarme peligrosamente a su borde.
-Ya ves -la princesita miró al suelo-, a veces las cosas no funcionan.
El lobo hizo una pausa y respiró hondo. No sé por qué, pero me recordaba muchísimo a mí mismo. Estoy seguro de que en su cabeza bullían mil pensamientos y que, como buen lobo, sabía que de lo que dijera ahora dependería el éxito de la caza.
-Creo que tienes razón, la última vez que te vi con él fue en la boda -contuvo el aliento-. A lo mejor son cosas mías pero, hubo un momento en que te dio un beso; lo note tan blando, tan falto de... No sé, como forzado.
La princesita guardó silencio y sobre la acera se dibujaron círculos oscuros que, al superponerse, crearon figuras curiosas y blandas, tanto como aquel beso.
-Lo siento -dijo la princesita secándose las lágrimas-, soy una tonta.
-Perdona, no pretendía...
-No te preocupes… Adiós Ernesto, esta sí es mi guagua.
-Se te escapó la presa -dije sonriendo mientras volvía a ocupar un lugar más cómodo en el asiento.
-Perdone, ¿cómo dice?
-Nada, hijo. Cosas mías. 16/10/2008 10:23 Autor: vedovelli. Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario |