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Relatos de Jorge Vedovelli.
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Oscuridad—¡Maldito tráfico! No oigo ni lo que digo... Cuídate mucho y no dejes de venir por Navidades.
—Descuida, mamá. Mira, el taxi ya está aquí…
—Ya sé que Daniel es un poco... ¿Cómo decirlo? ¿Déspota?, pero te quiere y además, es el padre de tus hijos.
—Lo sé, no me lo recuerdes. Mamá, tengo que dejarte o esto me saldrá un ojo de la cara. Cuida mucho de papá. Un beso.
—¿A dónde la llevo, señora?
—A Lugo, por favor.
Pobre mamá, cree que todo se soluciona agachando la cabeza. Ojalá lo de Daniel fuera sólo despotismo. Por qué será que todos los taxis huelen a orines o vómitos. En fin, espero que este tipo sea de los calladitos, sólo me faltaría aguantar una conferencia de política y fútbol. Ya estamos saliendo de la ciudad. Parece mentira que durante casi toda mi infancia éste haya sido el único lugar de mis andanzas. Ahora que lo veo de nuevo no resulta tan amenazador e inmenso como antes. Debo aprovechar el tiempo. Menos mal que he traído algunos textos para corregir. ¡Vaya! Este hombre otra vez con cuentos infantiles. Y eso que dejé muy claro que hicieran sólo una redacción.
“Era aquella una serena tarde de abril en la que todos los animales de la granja aguardaban con expectación el ansiado momento. Uno..., dos, tres..., ¡cuatro hermosos cachorros! Linda estaba exultante de gozo, había superado una prueba casi imposible, sobre todo después del accidente.”
No puedo evitarlo, leer en los coches me marea. Abriré la ventanilla un poco. Ahí están los campos de girasoles. Tan puntuales como el día de mi marcha, sólo que entonces eran más bien una promesa de libertad y un nudo en la garganta.
“El amo lo llamo Granuja y, la verdad, no se equivocaba. Era, con mucho, el perrito más revoltoso, no ya de la granja, sino de la aldea entera. Mordía, ladraba, gruñía..., sólo verlo era todo un espectáculo. Linda lo observaba con cierta aprensión, no en vano esta misma viveza fue la que tan caro acabó por costarle. Se negaba a ver reflejada en el cachorro su propia suerte.”
Espero que los niños lo comprendan. Ya sé que estuvo mal, pero necesitaba esa escapada. Las cosas ya no son como eran. A decir verdad, “nunca fueron lo que eran”. Tiene gracia, recuerdo esa frasecita pero no el nombre de quien la dijo. Mi memoria es un asco. Como dice papá, tengo que prestar más atención a los detalles.
“Granuja sentía una extraña fascinación por esa enorme línea gris que se recortaba en su horizonte, mas allá de los cultivos. A veces, manchas de colores la cruzaban a lo largo con un gruñido ya familiar, día y noche. No era capaz de comprenderlo, pero ese mismo sonido, para él narcótico, conseguía inquietar a su madre hasta la locura.”
Parece que los sembrados van dando paso, por fin, a las casas. Ya son visibles las primeras granjas y jardines domésticos. Aunque nunca la he vivido, hubiera deseado una existencia más natural y con menos preocupaciones; más simple y menos responsable. Creo que lo correcto al llegar, será sentar a Daniel, apagar la tele y aclarar nuestra situación. Seguro que está hecho una fiera, aunque para eso nunca le faltan ganas. Y, como siempre, la culpa será mía. Jamás he conocido a alguien con menos autocrítica que él.
“Debía ser mediodía y, en un descuido de su madre, el cachorro tomó el camino de la línea gris. Estaba decidido a averiguar, de una vez por todas, qué era aquello.”
Vaya, otro insecto se ha estrellado contra el parabrisas. De él sólo queda ya una mancha repugnante.
“Ya faltaba menos para llegar. La línea gris, ardiente e irregular, se hacía más ancha a cada paso.”
Tengo calor. Espero que pronto encontremos un lugar dónde almorzar.
“Granuja se sentía más excitado y alegre. Sólo unos pocos metros le separaban de su meta.”
¿Qué es ese ruido? Parecen ladridos.
“Apresurada y jadeante, Linda le seguía, llamándolo.”
¿Qué será eso que asoma a la derecha del camino?
“Una enorme mancha blanca se abalanzaba sobre él ya en medio de la calzada. Por primera vez sintió lo que era el miedo. Vio a Linda, a sus padres, su casa en Lugo, a Daniel, a sus niños... Un golpe seco, dolor, combustible derramado, ruido de cristales rotos, unos ojos que miran sin mirar...”
Oscuridad. 16/10/2008 10:13 Autor: vedovelli. Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario |