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Relatos de Jorge Vedovelli.

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Toda Agua

Eva era toda agua. Era agua cuando tenía hambre, agua cuando sonreía y mostraba sus dientecitos de agua; agua cuando lloraba y agua cuando apretaba tanto los puños que de sus ojos se escapaban diminutas gotas de agua.

 

Eva era toda agua y casi siempre se comportaba como el agua. Era agua cuando se derretía de impaciencia, o cuando la congelaba algún reproche, incluso era agua cuando se evaporaba de alegría o cuando buceaba en la bañera en busca de una nueva golosina. Eva, era toda agua.

 

A veces soñaba, y sus sueños de agua la envolvían transportándola hasta las nubes donde era libre y podía sentirse mejor que en casa, liberada de sí misma, dueña del vaivén de sus deseos, con la sensación de cumplir con sus instintos y ser feliz por ello. Pero llegaba la mañana, y la luz anegaba su alegría desplazándola por mil quehaceres de desesperante sequedad. Sólo la promesa de otra noche animaba a Eva a fluir por aquellos cauces pedregosos.

 

Sin embargo, algo le decía que su dicha de agua era incompleta. No se trataba ya de la aridez que encontraba a cada paso, ni tampoco de los espejismos de agua que a veces se cruzaban en su curso. Era más bien un sordo hastío de rocas que no ceden al embate. Y entonces vio la arena.

 

Era seca, pero discurría como ella, se adaptaba, cambiaba de forma y seguía siendo arena a pesar de qué o quién la contuviera. Dejaba huellas de sus pies al caminar y se apartaba o se fundía con su piel según la ligereza con que Eva la tocara. Descubrió en ella rastros de algas que la marea en retroceso dejaba al descubierto. Escuchó sonidos de burbujas y el entrechocar de guijarros a lo lejos. Y levantó la vista. Y su mirada se perdió en el borde inmenso de un océano de dichas. Y deseó hacerse una con el mar. Adentrarse entre sus olas y dejarse arrastrar por la corriente que tiraba ya de sus tobillos entre sal y espuma.

 

Encontraron sus ropas en la orilla, junto a caracolas blanqueadas y pinzas de cigala. Pero nadie la buscó; sabían bien que toda Eva, al fin y al cabo, era agua.

16/10/2008 10:08 Autor: vedovelli. Enlace permanente.

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