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Relatos de Jorge Vedovelli.
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Una imagen, Mil palabras![]() Asomado al desagüe, Ernesto vio al fin cumplido su deseo. Sin duda, aquello sería lo más parecido a estar cerca del mar.
Después del hongo, vino la calma. Cuando nos dijeron que al detonar sólo quedarían las cosas, nadie lo tomó en serio.
Mi madre era muy literal con sus emociones: realmente se deshizo en lágrimas.
La invasión volvió a fracasar. Fue mala idea diseñar ovnis-paraguas sin contar con el mal tiempo de La Tierra.
Gentil, quise recoger el paraguas de la chica, pero entonces recordé que sólo podía pisar las baldosas blancas.
La impaciencia hizo salir antes de tiempo al muñeco de nieve.
El niño del paraguas pardo saltaba riendo en cada charco, hasta que la alcantarilla, abierta, vengó las heridas del agua.
"Sólo son cuatro gotas", debieron pensar antes del diluvio.
Tenía tanto miedo a cruzarse con su mirada, que prefería mantenerla fija en los charcos.
Fotografiaba todo cuanto le parecía extraordinario sin calmar su anhelo. No sabía que la belleza le aguardaba en casa. 27/02/2006 15:05 Autor: vedovelli. Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario |